miércoles, 17 de agosto de 2016

DON TOMACO - cUENTO


DON TOMACO

Cuento
DOMINGO DE GUZMÁN HUAMAN SANCHEZ 

Don Tomaco, en su brioso corcel, había recorrido desde su fundo de “Camochó” hasta Cochapetí y al final del trayecto se sintió cansado. Durante cuatro horas, había recorrido cuestas entrelazadas por caminos curvilíneos, manadas pobladas por centenar de reses cuyos becerros encerrados en chiqueros berreaban aguijoneados por el hambre; había cruzado riachuelos bullangueros que hacían competencia con el trino de las avecillas que saltaban de una rama a otra y otra y otra.
Se apeó, saludó al tendero, muy atentamente y le pidió un balde de agua para su corcel “Veneno” y una cerveza espumante para él.
Su potro sudaba copiosamente para asegurar su regulación térmica, es uno de los pocos animales que actúa de esta forma.
Don Antonino, uno de los tenderos más honorables del pueblo, calmó la sed de sus visitantes. A él le ofreció una banca forrada con pellejos de venado como asiento y  al solípedo sombra, balde de agua y paja de cebada.
 Don Tomaco brindó, elogió y bebió con muchos parientes y amigos que se reunieron en la cantina; finalmente, completamente ebrio, se tendió sobre la banca alfombrada con pieles de venado y  se quedó profundamente dormido.
En la espesura, cuando trozaba troncos de chachacoma, se le apareció una mujer bellísima con encantos mitológicos, llevaba un vestido transparente que mostraba una anatomía exuberante de hembra quinceañera, erguida con una mirada seductora. Su postura era indolente y pasiva.
Soltó el hacha, se limpió  el sudor con el dorso de sus manos callosas. Nervioso se acercó y junto a la aparición, sintió la atracción irresistible. El parecía acero y ella imán.
La cogió con vehemencia salvaje y se dejaron envolver por el remolino turbulento de la pasión. Sus vientres sudaban y la cadera redondeada de ella se movía, se movía y movía de izquierda a derecha, de abajo hacia arriba, levantándose, hundiéndose en el lago esponjoso del pajonal seco  que cantaba: Crac, chirrr, crac , chirr, crac, chir...
La esposa del tendero, que era la sobrina del visitante, interrumpió el sueño  del cliente.
¡Tío Tomaco, Tamaco! Ya es tarde, despierta.
Despertó y preguntó.
¿Donde está ella? No la veo.
¿A quién se refiere tío?
¡Nada! Son efectos de la borrachera, alucinación, sed  y hambre.- Pidió una botella de cerveza.
Natalia, la esposa del tendero, se acercó y dijo:
Tio Tomaco, ya no beba, pasemos a la cocina. He preparado un Yaku kashki con papitas tiernas de hallqa warmi que ayer cosechamos  en los parajes de Utkush .
Gracias hija. Eres tan amable y buena como tu madre, mi hermana que muy pronto nos abandonó, cuando apenas tenías siete añitos.
El tío  extrajo de sus alforjas chirimoyas, paltas y pepinos, de su fundo y entregó diciendo.
Para que endulcen sus labios  y la de los chicos.
Concluido el desayuno, con huevo y tocino con típicas papas amarillas de acompañamiento, hizo compras que llenó en sus alforjas y cabalgando su brioso y descansado corcel, partió rumbo a su fundo.
El galope es un aire mucho más cómodo para el jinete, porque es más fácil seguir el movimiento del caballo. Pero también es mucho más rápido que el trote y, por lo mismo, provoca temor en muchos novatos. Don Tomás prefería el galope levantado y parado sobre los estribos, levemente inclinado hacia delante, hasta que el trasero ya no esté en contacto permanente con la montura.
Al final de la calle, levantando el brazo derecho y blandiendo el sombrero de jipe japa se despidió.
“Hasta pronto, si Dios quiere volveré”.